ERA UN VIAJE MÁS... (Sólo para adultos)
El asiento del copiloto, puede ser el lugar más tedioso y aburrido del mundo, si para quien está al volante, sólo existe la carretera, el GPS y poco más.
Mis escasos comentarios eran respondidos con escuetos monosílabos que dejaban ver las pocas ganas de conversación. Nunca sabré sí, porque al conductor no debe distraérsele, o porque realmente no le interesaba nada de lo que yo pudiera decirle.
Cansada de hacer intentos infructuosos, opté por poner música, reclinar el asiento y descansar. Este gesto, hizo que uno de mis tirantes se deslizase por el hombro y mostrase una parte generosa de mis senos... no hice nada para corregirlo. Es más, diría que provoqué que asomara más de lo necesario. Miré de reojo, por si esto causaba algún efecto en mi acompañante...
Nada... nada de nada. Como era de esperar... pensé con sarcasmo al tiempo que algo parecido a una sonrisa se dibujaba en mis labios.
Entre el desespero y la muda frustración, alcé la vista al techo, como queriendo digerir su indiferencia... una muestra más, pensé...
Ese gesto fortuito hizo que mi vista se cruzase con algo inesperado. La mirada sugestiva de un desconocido.
Mi primera intención fue cubrirme... pero... el brillo que detecté en aquellos ojos me gustó. Era un brillo de aprobación y de deseo hacia lo que estaba viendo. Algo que hacía demasiado tiempo que no me ocurría. Un cosquilleo, mezcla de vanidad y de atracción, que me hizo sentir viva. Reconfortaba saber que aun podía atraer las miradas de otro hombre. Lo confieso, fue esa vanidad la que detuvo mi mano en el intento de volver a colocar el tirante en su lugar.
Aquella mirada, pertenecía al conductor del vehículo que se había parado justo al lado del nuestro. Un autocar que, al igual que nosotros, aguardaba la luz verde que le permitiera seguir su marcha. Desde mi posición, la altura de su vehículo le hacía parecer imponente, poderoso. Además de proporcionarle una visión privilegiada del interior del nuestro... y de mi, situación comprometida.

Me permití un ápice de aventura y sonriendo le sostuve la mirada, hasta que su insistencia y mi timidez, hicieron que bajase la vista en el preciso momento que la luz verde nos daba vía libre para seguir nuestros caminos.
Era una larga avenida, que atravesaba la ciudad y que nos comunicaría con la autopista que debíamos tomar. Toda ella estaba regulada en varios tramos por semáforos. Por eso, era inevitable que la luz roja detuviera en más de una ocasión nuestro avance. No miré, abiertamente, pero la gran rueda que se detenía cerca de la ventanilla me hacía saber que aquel autocar había vuelto a detenerse a nuestro lado. ¿Casualidad? ¿Intención?... ¿Quién sabe?
Lo que sí estuvo cargado de intención fue mi maniobra. Un gesto casi imperceptible que hizo que el tirante bajase un poco más, y dejase una visión bastante más generosa de mi escote. Con un rápido vistazo a la izquierda, me aseguré de que mi acompañante seguía pendiente de la luz del semáforo, para volver a levantar la vista hacia aquel ocasional voyeur.
Los ojos le brillaban, y una sonrisa maliciosa afloraba a sus labios. Con un breve gesto de mano, me animaba a bajar un poco más la camiseta. Yo también sonreí por tanta osadía; a la vez que, lentamente, tiraba de la prenda hacia abajo.
En el preciso instante que la sonrosada piel de un pezón escapaba de su celda de tela, el semáforo volvió a permitirnos circular. Me resultó divertida la mueca de fastidio en el rostro de él.

De nuevo, eché un rápido vistazo a mi izquierda... nada, ni se había movido. Estaba claro que a mi acompañante, mi generoso escote no le decía nada.
En algún momento, hizo un desagradable comentario acerca de multarnos por escándalo público, o algo así; al observar que ahora estaba algo más abierto que antes... pero nada más.
Estaba convencido de que yo, ya no tenía edad ni figura para gustarle a nadie. Quizá por eso, el juego de seducción con el conductor del autocar, me estaba resultando más placentero de lo que nunca hubiese imaginado. ¿Era mi pequeña venganza? ¿Tal vez, había una pequeña exhibicionista en mi interior?... No sé... No lo sé... Sólo sé que me gustaba sentirme deseada.

A cada semáforo en verde, cruzaba los dedos, para que el siguiente de nuevo impidiese nuestro avance. Cuando mis plegarias eran escuchadas, sonreía satisfecha para mis adentros, y volvía a buscar sus ojos... Ummm, si... ahí estaban. Esto no podía ser producto de la casualidad. Cada vez estaba más convencida de que mi observador furtivo buscaba expresamente parar a nuestro lado.
Le miré, sin disimulo. Él tampoco disimulaba ya. A cada parón, con un gesto de su mano me animaba a mostrarle un algo más. Yo sonreía y le obedecía, bajando un poco a poco el tirante, mirándole con una expresión a medio camino entre la travesura y el deseo. Ummmm... ahora incluso me atreví a lamer mi dedo y pellizcar mi excitado pezón, a la vez que la punta de mi lengua paseaba lentamente por mis labios sin apartar la mirada de la suya. Mordía mi labio inferior cuando pellizqué aquella sonrosada piel, con dedicación especial para mi espectador...
Su rostro no podía ser más expresivo. No tuve ninguna duda de dónde debía estar una de sus manos en esos momentos. Y dónde le hubiese gustado tener ocupada la boca a juzgar por como mordía su labio mirando mi maniobra... Ummmm... de veras que hubiese dado cualquier cosa porque así fuera...
Pero el semáforo volvió a mandar sobre nuestra voluntad. Ese era el último. Así que... mi aventura, mi pequeña travesura, había llegado a su fin... Lástima... Un beso, lanzado con la punta de mi dedo, despedía para siempre a mi excitante observador.
El viaje transcurrió durante una hora más. A eso de las dos de la tarde, nuestros estómagos empezaron a protestar, así que, paramos en una de las áreas de servicio de la autopista.
Camino de la zona del restaurante, me detuve en el drugstore para comprar algunos artículos de higiene que, con las prisas, había olvidado incluir en el equipaje. Mientras, mi acompañante se adelantó para coger mesa en el único restaurante.
A pesar de lo impersonal de estas estaciones, el comedor era un lugar bastante acogedor. Decorado con un cierto aire rural. Limpio y sencillo, pero decorado con innegable buen gusto.
Al llegar, tomé asiento frente a mi pareja. Le comentaba la buena impresión que me causaba el lugar a la vez que echaba un vistazo alrededor. De pronto le vi. Estaba sentado en uno de los taburetes de la barra, mirándome insistentemente. Mi voz se entrecortó y sentí como el calor acudía a mi rostro... Afortunadamente, mi interlocutor, siguiendo su costumbre, había vuelto a quedarse colgado de la televisión situada a mis espaldas y no notó nada.
Desvié la mirada, e intenté entablar una conversación que me mantuviese ocupada y disuadiera mis ganas de volver a mirarle. Tarea inútil, a no ser que me gustase hablar sola. Hasta la publicidad tenía más poder de convocatoria para mi interlocutor que yo.
Desistí resignada y me enfrasqué en la carta. Se diría que intentaba aprendérmela de memoria, a juzgar por mi abstracción. Pero no era cierto... lo sabía yo... y él. La sonrisa maliciosa que me dedicó en una de las muchas veces que mis ojos se cruzaron con los suyos, acabó de confirmármelo.
Leves gotas de sudor aparecieron en mi frente. Un indicio que sería suficiente para notar que algo me alteraba, a cualquiera que me hubiese prestado un mínimo de atención... pero no era el caso. No sé qué me alteraba más, mi torbellino de sensaciones, o su total indiferencia.
Informé a mi acompañante de lo que deseaba tomar, y me dirigí al servicio. Eso me daría unos minutos para refrescarme e intentar sosegarme.
Abrí el grifo, e inclinándome, intenté refrescar mi rostro con el agua helada. Buscaba a ciegas en esa posición, algo con lo que secarme, cuando unas manos fuertes asieron mis caderas... el dueño de esas manos se arrimó a mí, de tal manera; que no me quedó duda alguna de su deseo por mi... Sabía quién era, pero ello no impidió que me sobresaltara por la sorpresa y su osadía... unos labios cálidos besaban provocadoramente mi hombro, a la vez que yo enjugaba mi rostro musitando un casi imperceptible; no por favor... nos pueden pillar.
-¿Y tú qué prefieres? ¿Qué nos pille? ¿O que no pare?
-Ninguna de las dos cosas. No debería...
-Mentirosa... No te he preguntado eso... quizá no debas, pero seguro que te gustaría... ¿Quieres o no?
Sonrojada, no me atrevía a levantar la vista y mirarle. ¿Acaso podía leerme el pensamiento?... Tal vez, no hacía falta. Mis respuestas a sus provocaciones, eran demasiado elocuentes... No había más que mirar las dos rotundas evidencias que se marcaban bajo mi camiseta...
-Por favor; es demasiado arriesgado. Aquí no para de entrar y salir gente.
-Es decir, no quieres que nos pille. Prefieres disfrutarlo... je, je, je... chica lista.
Le miraba como hipnotizada... no podía creer lo que me estaba sucediendo. Un desconocido estaba dispuesto a jugársela por mi... ¿Tanto me deseaba?... ¿Y yo?... ¿Estaba dispuesta?
-Ingéniatelas como quieras. Te espero en cinco minutos en el autocar.
-¿Y tus pasajeros?

-Ja ja... están todos hambrientos, no aparecerá nadie hasta dentro de dos horas... ¿Crees que tendremos suficiente?... Ummm... yo también estoy hambriento, ahora que lo pienso- Dijo mirando descaradamente las dos evidencias de mi deseo- ¿Puedo?- Preguntó al tiempo que sus labios besaron la piel que tanto había deseado durante nuestro breve flirt urbanita, haciéndome perder ligeramente el equilibrio con su ímpetu. Mis manos se aferraron a sus hombros y las suyas sujetaron firmemente mi cintura. Gracias a ello no caí, pero debido a la proximidad volví a ser plenamente consciente del efecto que mi cercanía ejercía sobre él...
-No puedo prometer nada. Haré lo que pueda...
-No es necesario que prometas nada. Sé que vendrás.
Volví a mi mesa, perpleja de su seguridad sobre mí. La comida ya estaba en su lugar. Por el rabillo del ojo le vi pasar y salir del restaurante. Mi mente trabajaba a velocidad vertiginosa: Lo deseo, lo deseo... no debo pero me atrae y le deseo... venga no seas boba y piensa algo rápido.
Mire a mi acompañante. Como no, él seguía embobado, pendiente de todo lo que salía en pantalla. De no ser porque en la mesa estaba la comida que yo le había encargado, hubiese jurado que se hallaba en estado catatónico desde que me fuí.
Fingí una indisposición, que achaqué al calor. Eso me dio la excusa para salir a tomar el aire. Le dije que luego volvería a intentarlo con la comida.
No me costó mucho convencerlo. Más bien, tuve la sensación de que si le hubiese dicho que no pensaba comer nunca más, su reacción hubiese sido la misma... Es decir, ninguna...
Me encaminé al estacionamiento de autocares, discutiendo mentalmente con mi voz interior. Desde el primer paso en dirección a la salida del restaurante, había invadido mi cabeza repitiéndome cada vez más alto y claro... ¡¡Estás loca!!... ¡¿A dónde crees que vas?!... ¿Qué harás cuando compruebes que todo ha sido una tomadura de pelo?... Pero, sus manos... la respuesta de su cuerpo al tenerme cerca... eso no era ficticio. Eso no lo he imaginado- Argumentaba la otra voz. La voz de mi propio deseo.
Había varios autocares ordenadamente estacionados. Los nervios no me dejaban pensar con claridad. ¿Cuál de ellos era el suyo?
Durante el episodio de los semáforos, tampoco me había fijado tanto en el aspecto exterior del vehículo. ¿Cuál de ellos era?... Caminaba indecisa por la explanada que conducía a los aparcamientos, sin acabarme de decidir hacia cual debía encaminarme... Quizá sería mejor salir corriendo y volver a mi mesa... Si dudaba un poco más, sería lo que acabase haciendo. Solo faltaba que, encima, me equivocase de vehículo... En un momento determinado, uno de ellos abrió las puertas delanteras. Obviamente, percibió mi indecisión y quiso guiarme. Algo que agradecí con una sonrisa de alivio.
Allá estaba yo, de pie, ante las puertas abiertas del autocar, como una niña que debe tomar valor para hacerle una pregunta comprometida al maestro. Me sonrió al tiempo que se levantaba de su asiento tras el volante, con una mano extendida, invitándome a subir.
Tomé su mano. Aún no había sorteado el último de los cuatro escalones, cuando una lluvia de besos amenazaba con no dejarme respirar. Besos que eran correspondidos con los míos. Nos mordíamos, nos devorábamos, era tanto el deseo acumulado que nos costó mantener la cordura suficiente para asegurarnos que las puertas quedasen cerradas... No queríamos intrusos inoportunos. Teníamos el tiempo justo, pero debíamos aprovecharlo bien. Sin sobresaltos ni miradas curiosas.

Nuestras manos habían tomado vida propia, las suyas, bajaron aquellos tirantes que le pusieron a mil. Las mías, con un atrevimiento y una destreza que yo misma desconocía, se aventuraban bajo su camisa... ummmm... siiii... En algún lugar de la carretera debimos perder el sentido común... pero era tan placentera aquella locura... Aaahhh... ummmm... qué delicia. Sus dientes arrancaban destellos de mis erguidos pezones, mis manos tomaban conciencia de la temperatura de su cuerpo... le deseaba, nos deseábamos. No recuerdo haber deseado nunca a nadie con tanta urgencia.
Me giró, y mis pantalones cayeron hasta los tobillos. Con un rápido movimiento me deshice de ellos. Le sentí agacharse y besar mis nalgas... ummmmm e ir dejando un reguero ascendente de besos por mi espalda, a la vez que levantaba mi camiseta. Mis pechos quedaron presos de sus manos y sus besos ahora, me hacían perder la cordura al depositarlos en mi nuca, mis hombros. Mordía deliciosamente el lóbulo de mi oreja, y se pegaba cada vez más a mí.
Intentaba girarme, necesitaba acariciarle yo también, pero se había propuesto hacerme comprender que era él quien dominaba la situación. Por eso, me inclinó sobre el brazo de uno de los asientos del pasillo y lenta, muy lentamente entró en mi.

Ummmmmm.... Siiii... sentí como su miembro entraba en mi cuerpo, lenta, maravillosa, deliciosamente. Aaahhhh... su vaivén era lento y cadencioso, para que sintiera plenamente su invasión, su posesión, su saber hacer.
-Me deseas ¿Eehhhh zorrita? Lo noto, siento tu humedad, cada vez más abundante. Cada vez entro más dentro y con mayor facilidad. Te gusta. Te gusta mi putita.... No puedes negármelo.
-Aahhhh siii... no recuerdo haber deseado tanto nunca a nadie. No me atrevía a desearlo más. Pensé que esto no iba a ser posible ni en mis mejores sueños... ahhhh... nunca me habían poseído así. Nunca me habían hecho sentir de esta manera.
-Ummm... preciosa, los hay que no saben apreciar lo que tienen al alcance de su mano... pero yo sí. Y te lo voy a demostrar. Disfruta zorrita, disfruta de lo que mi cuerpo hace con el tuyo... ummmm disfruta de lo que la visión de tu cuerpo provoca en el mío.
Me volviste a girar, y tus besos ahora eran descendentes. Tras cada uno, una corriente de lava candente tomaba el lugar de mi sangre... mis jadeos eran ya incontrolables, los envites de tu lengua en mi clítoris estaban acabando con la poca razón que aun pudiera quedarme...

-¡¡Fóllame!!... ¡Por favor, fóllame!! No puedo esperar massss.... Hazme tuya de nuevo. Entra en mis entrañas y hazme volar otra vez
-Ja, ja, ja... así me gusta, sin tapujos, no te reprimas. Pídeme lo que deseas que te haga mi putita. Disfruta de mí.
Te besé larga y profundamente, mi lengua entablaba una especie de duelo con la tuya. Mis pechos se aplastaban contra tu torso y yo empecé a descender entre tus brazos hasta conseguir ponerme de rodillas...
-Ummmm... lo estaba deseando. Hace rato que deseo hacer esto- dije al tiempo que asía tu sexo con las dos manos.
Desde abajo te miré, y la expresión que vi en tu rostro aun me excitó más si cabe. Ello me animó a ser más osada y mi lengua jugueteó con la punta. Un jadeo escapó de tu garganta, mezcla de deseo y sorpresa. Sonreí traviesa y me emplee afondo con mi cometido. Mi boca, mi lengua; no dejó ni un recoveco por explorar. Volvía a mirarte relamiéndome, sabía que eso aun te encendía más y me gustaba provocarte.
Seguí provocando un poco más y cuando ya no podías aguantar más, me levantaste bruscamente y girándome de nuevo, entraste otra vez en mí... mientras, con tu saliva y tus dedos, dilatabas poco a poco mi otro orificio...

-Ummmm... preciosa, no me lo puedo creer. Parece que aquí, no ha entrado nadie todavía.
-¡No por favor, ahí no!... no lo he hecho nunca, me da miedo...
-No temas putita, déjame hacer y verás cómo te gusta- Tus palabras y tu voz suave me convencían. Continuabas metiendo una y otra vez tus dedos en mi esfínter, sabías lo que hacías... uuuummmm... Ooohhh.... ya eran dos. Eso acompañado del enloquecedor bombeo en mi sexo, me estaba llevando al éxtasis. No iba a ser capaz de aguantar mucho más... entonces note que salías de mi vagina, y apoyabas la cabeza de tu miembro en mi ano...
-No por favor... no...
-Ssshhhhh....
-No... noo..... aaaaahhhhhhhh
-Sssshhhh... ya está cielo, ya está... verás cómo te gusta. Relájate y déjame hacer. Aaahhhhh... se está tan bien aquí- Decías suavemente mientras me convencías masturbando hábilmente mi clítoris- Si, si... estoy notando que te gusta. Cada vez estás más mojada, y escuchar tus jadeos es una excitante delicia...
Yo había perdido el mundo de vista. En esos momentos, sólo existíamos tu, yo, y el torbellino de sensaciones que nos arrastraba. Cada vez giraba más rápido, más deprisa, más, mássss..... Aaahhhh.... ambos llegamos al unísono a alcanzar el cielo... sentí cómo tu néctar caliente se derramaba en mis entrañas. Como mi lava incandescente fluía deslizándose por mis muslos... como tus manos apretaban y pellizcaban mis pechos, hasta mezclarse el placer con el dolor... Aaahhhhh... ummmmmmm.... Tus labios besaban y mordisqueaban mi cuello... de la misma forma que un semental muerde el de su yegua hasta someterla.... Ummmm si... si.... Tuya... Me sentía tan tuya en ese momento, como no me había sentido nunca de nadie...
Poco a poco recuperamos la respiración, y con ella algo de cordura. Conversamos, hablamos de lo extraño y urgente de aquella experiencia. Me dijiste que te había excitado desde el primer momento que me habías visto en el coche. La visión de ese tirante bajándose y mostrando mi piel, se había convertido en una obsesión para ti.
Yo, te dije que hacía mucho que nadie me hacía sentir atractiva y deseable, como lo habías hecho tú.
-Confiésalo zorrita, te gustó provocarme.
Sonrojada baje la vista al suelo, pero mi sonrisa te confirmó que estabas en lo cierto.

Ese gesto de ingenua timidez te conmovió. Con un dedo bajo mi barbilla me hiciste levantar la cara. Un largo, dulce, y cálido beso puso fin a nuestro encuentro furtivo...
-Anda, démonos prisa, o nos va a costar dar explicaciones. Tanto a ti como a mí.
-Por mí no te preocupes, te apuesto diez contra uno, a que está tan tranquilo, acabando su comida y mirando la televisión.
-¿Incluso después de decirle que no te encontrabas bien?
- Incluso así.
-¡¡Imbecil!!

Otro beso y un intercambio de teléfonos, fue nuestra última acción antes de separarnos.
Tomé asiento... por supuesto, de haber apostado, habría ganado yo... pero ahora sí que tenía hambre... mucha hambre... pero no de comida. Por lo menos, no de esa comida...
(Kefi)










lokum-y-kefi dijo
Querida amiga y compañera de blog, normalmente no solemos comentarnos en los relatos de una a otra, pero tengo que hacer una excepción, porque éste se merece un especial aplauso por mi parte. Estupendo, genial, muy muy bueno; enhorabuena.
Besos sin freno.
24 Septiembre 2011 | 01:01 AM