Kefi... fuente de inspiración... (EL POLVO DEL AUTOBUS)
Siempre me pregunté qué se debia sentir sabiéndose fuente de inspiración para alguien... Hoy, por fin conocí esa sensación y creo que no la olvidaré mientras viva.
Gracias, mi querido viajero, por permitirme compartir tu ruta y darme tantos momentos especiales.
Aquí dejo el fruto de esa inspiración, para que lo disfrutéis tanto como yo:

Aquella mañana, Kefi despertó agotada. Soñó que hacía el amor toda la noche con Juan.
Él, era el guaperas amigo de su marido; ese que siempre clavaba la mirada en el escote de Kefi, aunque nunca le dijo una palabra inapropiada, ni tuvo roce alguno, provocado o involuntario. Juan era todo corrección y educación. Lástima, pensó Kefi, con lo guapo que es.

Llevó la mano a su sexo y comprobó que estaba mojada. Desconcertada, se levanto y fue al servicio, trató de poner en orden sus pensamientos sentada en el trono de cerámica blanca. Se levantó y dejó correr el agua.

Aturdida aun, entró en la ducha. El agua caliente recorría el paisaje de su cuerpo. Eso causaba una placentera sensación en ella. Tocó sus senos, los pezones estaban erectos, parecía como si quisieran escapar de aquellos enormes pechos. Llevó de nuevo la mano a su sexo y abriéndolo introdujo dos dedos. Con ellos extendió su propia humedad hacia el clítoris para masturbarse pensando en aquel sueño. Lo que no era capaz de recordar era suplido por su inagotable fantasía
Cerró el agua y se envolvió en el albornoz. Con una suave toalla seco su cara, su pecho sus pies. Al despojarse del albornoz, se contempló detenidamente en el espejo comprobando que aun era hermosa, sonriendo complacida.

Cubrió su talle con la camiseta blanca de licra; aquella que le quedaba tan ceñida y que se pegaba a sus pechos radiografiando sus deseables pezones. Esa camisa era su favorita, porque no precisaba de sujetador con ella. Vistió la mini de cuadros escoceses y calzó sus delicados pies en los zapatos negros de tacón. Tomo también su chaquetón negro guateado a rombos. Como última travesura, decidió no llevar bragas ese día. Tomó su bolso y salió a la calle.
Al llegar a la parada del autobús vio a dos hombres, de aspecto descuidado, enfundados en monos de trabajo, que la miraban sin cesar. Estaba claro que aquellos hombres cogían el bus para ir al tajo. Kefi dejó que se abriese su chaquetón para... airear una parte de su cuerpo... Aquellos hombres, al ver ese pezón turgente radiografiado a través de la camiseta, no cesaban de mirarla y tocarse. La escena era grotesca, pero a Kefi le gustó.
Al llegar el autobús le cedieron el paso, picó el bono bus, mientras la gente la empujaba hacia el final de la plataforma. No tuvo tiempo de ver qué había entre ella y la carrocería.
Pronto adivino que se trataba de un hombre. La erección de él, estuvo a punto de atravesarle la falda abriéndose camino hacia sus nalgas. Pensó retirarse un poco, pero en lugar de esto empujo hacia atrás. El hombre hizo lo propio hacia adelante. Sus cuerpos estaban juntos, muy juntos. Tanto, que el sudor de Kefi hubiera podido salir por la espalda de él.

Kefi se separó lo suficiente como para que su mano pudiese deslizase hacia atrás y coger el paquete del desconocido. Bajó la cremallera y liberó de su cárcel de tela vaquera aquel enorme pene erecto. Con un leve movimiento puso el vuelo de su corta falda sobre aquel miembro. Deslizó su bolso al suelo, hasta lograr un ángulo de 90 grados. Con la excusa de coger un libro del interior, facilitó que la penetrara. Ella lo estaba deseando... ummmm... de pronto sintió lleno su sexo... Aahhhh. El movimiento del bus facilitaba el bombeo. El desconocido mordisqueaba su cuello, su nuca... ummmm los lóbulos de sus orejas... Ooohhh...
Kefi condujo una de las manos del individuo hasta el corte lateral del chaquetón; el hombre metió la mano y agarró su enorme pecho acariciando el pezón. Hizo lo propio con la otra mano, arrancando destellos eléctricos de aquellas apetitosas y cálidas cerezas.

Varias paradas más tarde era invadía por un orgasmo... Una parada después, el desconocido respondió invadiéndola también con su esencia masculina. Kefi se alzó sobre los tacones liberándose de aquel miembro todavía erecto. El néctar del amante desconocido se deslizaba lentamente por el muslo de la mujer. Llevó su mano bajo la falda y usando el dedo corazón a modo de cuchara, tomo una muestra que llevo a la boca al tiempo que paseaba la punta de la lengua por sus labios... ummmm... Siempre le gustó su sabor... Llegó su parada y Kefi bajo.
No miró atrás. No supo, y nunca sabría, si aquel hombre era guapo o feo, joven o viejo... Sólo guardó en el recuerdo aquellas sensaciones. Unas sensaciones, que días después, le seguirían proporcionando momentos de placer en la intimidad de su alcoba.

No lo sabía, y no quería saberlo. Le bastaba con el placer que le produjo EL POLVO DEL AUTOBUS.










Diablo dijo
Um, caliente ese autobus, ¿que línea es?...... ;genial el relato, como siempre.
Besos calientes
29 Enero 2011 | 10:00 AM