La diferencia de una tarde de compras como todas....
Un sábado como otro cualquiera, la familia en casa, poco que contar y cada vez menos que compartir.
Quizá una comida fuera, en un restaurante cualquiera, como único aliciente. Un tributo más al tedio y la monotonía, de no ser por los insinuantes mensajes que, de tanto en tanto, llagan a mi móvil:

-¿Qué tal chica sexy?... ¿Me echas de menos?
-Ummmm... ni te imaginas cuanto. Pero ya sabes... hoy y mañana, jornadas dedicadas a la familia...
-Oh vaya... mi niña se aburre. Habrá que hacer algo con eso.
-¿Esperar que pase el fin de semana, por ejemplo?
-Ja, ja, ja.... También, pero yo hablo de algo más inmediato... Algo que le devuelva el brillo a esos ojos...

-Cielo, sería fantástico, pero sabes que en sábado y domingo nunca. No hay nada que hacer... Hoy toca comer fuera... Pocas probabilidades de evasión... Un beso. Te quiero.
-Princesa, nunca digas nunca... sabes que eso, para mí, es un reto... Yo también te quiero mi niña.
La sonrisa permanecía en mis labios tras el último sms, cuando guardé el móvil en el bolso acompañado por un suspiro de resignación.
La tarde no auguraba nada nuevo, otro sábado de compras, en el que ni siquiera era necesaria mi presencia... pero había que hacerlo.
El centro comercial dormitaba en esas horas del medio día en las que, se están yendo los últimos consumidores de la mañana y empiezan a llegar los primeros de la tarde. Había gente, sí, pero sin agobio. Se podía deambular tranquilamente.
No me apetecía caminar más y el objetivo de las compras de la tarde, tampoco eran santo de mi devoción. Así que dejé que mi marido y mi hija entraran solos, al gran establecimiento de letras rojas donde se amontonaban los aparatos electrónicos y de nuevas tecnologías que tanto les gustaban... Sí, sí; ese que como slogan publicitario, dice que no eres tonto... Yo, tampoco lo soy.
No necesitaban mi opinión para nada, y mis pies estaban pidiendo una tregua a gritos... Me senté en uno de los asientos circulares del centro comercial. Justo el que estaba delante del establecimiento donde mi gente acababa de entrar.

Uuuffff... un suspiro de alivio escapó de mis labios mientras frotaba uno de mis pies, a la vez que mi mirada se cruzaba con la del agente de seguridad de la puerta. Su sonrisa y la mía se hicieron cómplices.
Sin mediar palabra sentí que comprendía que aquel asiento representaba un oasis para mí... Supongo que su labor también debía ser bastante aburrida a esas horas, quizá por eso no apartó la mirada. Incluso capté alguna que otra sonrisa hacia mi... no sé...
Un temblor en el interior del bolso, me sacó de mis pensamientos indicando la llegada de otro mensaje.
Bastaron un par de respuestas a tus preguntas. La verdad es que no sé como lo haces. Tú y tu facilidad de deducción para localizarme me asombran. Siempre consigues sorprenderme... siempre... en todo...
Un roce cálido en mi nuca, un beso húmedo en el nacimiento del pelo y una voz conocida a mi espalda, activaron todos mis resortes... ¿Está sola mi princesa?...
Al sobresalto inicial le siguió la reacción de mi piel, que por la proximidad no pasó inadvertida a tus ojos... lo supe por tu risa traviesa. Como tampoco te pasaron por alto las dos evidencias que se perciben claramente a través de la camisa... -Je, je, je... ¿Te he sorprendido gratamente eeehh?- decías al tiempo que tu mano se colaba por debajo, y disimuladamente pellizcaba una de esas evidencias... Ufff, nena, como están...
-Ummmm... como siempre que estás cerca. No sé cómo te las apañas, pero consigues sorprenderme y excitarme hasta sin proponértelo...
El agente de seguridad me miró, entre sorprendido e intrigado... Había visto lo suficiente como para deducir. Justo encima de su cabeza tenía el slogan del establecimiento "Porque yo no soy tonto"... yo bajé la vista, controlando la risa, por lo cómico de la situación, y sintiendo a la vez cómo el rubor se apoderaba de mi rostro, producto de aquella mirada acusadora. Al mismo tiempo, el deseo se apoderaba de mi cuerpo por la insistencia de tus dedos...
Aaahhh... Ummmm... Tus sutiles caricias en mi trasero por encima de la ropa, tu proximidad, tu respiración en mi cuello, y tus palabras cargadas de erotismo hacían subir mi temperatura y agitarse visiblemente mi respiración... -Ummm, mi amor, como sabes activarme...- dije en un jadeo.
-Je, je... me encanta que seas tan receptiva... ¿Crees que estarán mucho rato dentro?... je, je, je, no hablo de mis manos, si no de tu gente... Ufff... como estassss....
-Aaahh, por favor... aquí no... -jadeé de nuevo- No tengo ni idea...-contesté a tu pregunta- Cuando se trata de electrónica se pierden, nunca sé cuánto tiempo pueden estar sin aparecer.
-Perfecto... es justo lo que necesitamos. Cuanto más mejor- dices pegando tus labios al lóbulo de mi oreja, y perdiendo otra vez tu mano por debajo de la blusa para pellizcar el otro pezón... Ummmm que dulce tormento...
Casi no se nota nada; todo es discreto y sutil, para los que pasan a nuestro alrededor. Para todos, menos para el vigilante que no pierde detalle de los cambios en mi rostro. Noto cierta arrogancia en su mirada. Sin duda me juzga y el veredicto es culpable... ¡¿Qué más da?!... ¿Qué sabrá él?...

Tu empeño en volverme loca sigue... y está consiguiéndolo, tanto que...
-Por favor Dani, aquí no...
-Como tú quieras, preciosa, nada más fácil de solucionar -poniéndote de pie coges mi mano y tiras de mí- ven conmigo...
Al levantarme, rodeas mi cintura... ya es imposible escapar, pero a decir verdad... ¿Quién quiere escapar?... Tu mirada y mi deseo me lo hacen ya imposible
No puede evitar echar un vistazo a mi observador... su mirada fría y la sonrisa irónica, que convierten sus labios en una línea acusadora me dejan claro que el veredicto sigue siendo culpable... Inexplicablemente me duele... ¡¿Pero por qué me importaba?! ¡¿Qué sabía él?!... además, ni le conozco.
Un tirón en el brazo me devolvió a la realidad apremiante del momento...
-Dani, pero dónde me llev...
-Ja ja, ja, ja... ¿Es que no te fías de mi?... ¿A caso no te he demostrado mil veces que nunca haré nada que pueda lastimarte?... si no... todo lo contrario...
Apenas traspasamos el umbral de los lavabos y tu boca se apodera con urgencia de la mía... solo te separas para decir - cuanto he deseado hacer esto- vuelves a besarme y tus brazos me aprietan contra ti, resbalas tus labios por mi cuello, aspiras mi aroma, besas el nacimiento de mis senos que agitados intentan respirar.
Entre besos intento decir:
-Yo también te deseo mi amor, pero es que cada vez eres más atrevido, te gusta ponerme en apuros... a veces me asustas.
-No temas, mi princesa de fuego... ¿No ves que si hago algo que te perjudique no podré volver a tenerte?... Me gusta el riesgo, pero no soy estúpido... no quiero perderte por nada del mundo. Te has colado bajo mi piel y ya no podría estar sin ti.
Sus palabras disiparon las reservas que el deseo no había conseguido aun vencer.
Nerviosos, como dos adolescentes mirando hacia todas partes, entramos en uno de los lavabos. El de minusválidos, por ser individual y el menos solicitado...
Sus labios se abalanzaron sobre los míos, mientras nuestras manos desabrochaban con impaciencia las camisas de ambos.

Me aferré a sus hombros, para no caer. Mis piernas temblaban a medida que sus labios descendían de nuevo por mi cuello. Besos húmedos diseminados por el nacimiento de mis senos, al tiempo que sus manos se perdían bajo la falda....
Reí nerviosa; sin premeditarlo yo también le tenía reservada una sorpresa a él...
-Eeeeyyyy zorrita... ¿Qué es esto?...- dijo al tiempo que hurgando bajo mi lencería, halló un cordoncito que se perdía en mi interior- ¿Estás segura de que no esperabas a nadie?... - Añadió tirando del hilo, hasta extraer las dos bolas violeta que se escondían en el interior de mi cuerpo...
-Ya sabes que ir de tiendas me aburre.... -expliqué ruborizada, bajando la vista hasta el suelo...- Y hoy me esperaba una larga y tediosa tarde de shopping... tenía que hacer algo por sobrevivir -concluí con voz mimosa y escondiéndome de su mirada en el hueco de su cuello.
-Y tú también sabes cómo me excita que hagas estas cosas... ja,ja, ja... que morbosa eres... no te imaginas cuanto me estimula ser el único que conoce la parte más libidinosa de ti... Decía esto mientras las bolas salían y entraban de mi cuerpo guiadas por su mano, sin dejar de besarme y apretarme contra él...
-Ooohh... por favor... deja de hacer eso, quiero sentirte a ti
-ummm impaciente... lo notarás todo... tenemos tiempo de sobras...- dijo girándome contra la pared.
No pude evitar que un jadeo escapara de mi garganta, al contraste de mis senos con el frío de las baldosas.
La camisa bajada a medio brazo, me impedía moverme. La falda subida hasta la cintura me exponía a sus caprichos... No, no temía, era solo que no podía participar como a mí me gusta. Sentí el peso de su cuerpo y el calor de su rostro pegado a mi espalda.

-Dani, por favor, déjame tocarte...
-Espera putita, quiero ver un poco más como funciona esto...
Ummmm.... diosss.... Donde no entraban y salían sus dedos lo hacían las bolas chinas, y donde no, se recreaba su lengua... no podía mas, iba a estallar...-Daniiiii...
Entonces se puso de pie entrando en mí con todo el ímpetu que su deseo le marcaba, desde atrás, con sus brazos rodeándome y sus manos amasando mis senos...
-Aaahhhh... siiii... diossss... que maravilloso eres aaahhh... ummmm

La temperatura subía cada vez más en el recinto... o era sólo la mía, no lo sé... sus dedos pellizcaban mis pezones, mientras su lengua jugueteaba con mi oreja... yo apenas podía mover mis brazos, lo justo para sujetarme a la pared y no caer...
-Vamos mi niña... Ummmm... asi, asi, disfruta... quiero sentir tus jadeos, notar tu humedad... Aaahhh, preciosa... deberías estar siempre así. Tú estás creada para dar y recibir placer... no comprendo como los demás no lo han notado. No entiendo que alguien pueda vivir a tu lado y no se dé cuenta... Oooohhh... mejor para mí, porque yo te encontré... yo sí sé lo que vales y no pienso dejarte escapar.
Tiraba de mi pelo para volver a apoderarse de mis labios, yo estaba fuera de mí; sus envites, sus palabras, sus manos, el peligro de ser descubierta... todo se unía para cargar de erotismo aquel lugar, aun así fue capaz de subir un peldaño mas... sin dejar que me girase, salió de mí y agachándose, con sus dedos y su saliva buscaba acondicionar el lugar de mi cuerpo donde pensaba entrar ahora... me asusté un poco, nunca lo había hecho así... pero su voz suave y tranquilizadora consiguieron relajarme, pronto estuve preparada para recibirle... también por ahí... despacio, muy despacio, con todo el tacto que requería la situación, para no lastimarme en exceso... pronto recuperamos el ritmo y me enseñó algo más.... Ummmm... las bolas volvieron a ocupar el lugar de donde las sacó....

- Aaahhhh... ummmmm por favor..... aahhh no puedo mássss... aahhhh -Aquello fue demasiado para los dos. Bastaron unos minutos para que ambos estalláramos al unísono... Tuvimos que tapar nuestras bocas con nuestras propias bocas, comiéndonos, devorándonos... temíamos que la pasión traspasara las paredes de aquel lugar, delatando el por qué de nuestra presencia allá.
Poco a poco recuperamos la respiración, entre besos y caricias. Nuestras ropas volvieron a estar en su sitio. Palabras de cariño escapaban de nuestros labios:
-Ummmm... Dani, cariño, no te imaginas cuanto te necesito
-Y yo a ti preciosa, y yo a ti. Por eso quiero hacerte feliz, para que me necesites cada día un poquito más...
Me miró profundamente...
-Ahora si... estos ojos ya brillan como a mí me gusta.

Un largo, profundo y húmedo beso puso punto final a aquella locura... Primero salió él, mientras yo aprovechaba para recomponer del todo mi aspecto. Luego salí yo... Nada; nadie se dio cuenta de nada. Juntos, charlando, volvimos al asiento delante de la tienda de electrónica... yo miraba al suelo, no me atrevía a levantar la vista. Temía que ese brillo que acababan de recuperar mis ojos acabase de delatarme... Aunque sabía que la sentencia ya estaba echada.
Hablamos un poco más. Con unas cuantas palabras cariñosas en susurros, un nos vemos, y un beso en la nuca, Dani se fue...
Tímidamente levanté la mirada que inevitablemente se cruzó con la del vigilante. Allá seguía, con sus ojos acusadores clavados en mí... No pude evitar que el rubor volviese a asomar a mi rostro y turbada desvié la mirada... Justo en ese momento mi esposo y mi hija salieron del establecimiento... ella, cariñosa, me besó mientras me explicaba atropelladamente las cosas que habían comprado y todo lo nuevo que habían visto.
Él, simplemente, aprovechó el momentáneo despiste para mirar descaradamente el trasero de la chica que pasaba en esos momentos a nuestro lado, al tiempo que musitaba algo parecido a un piropo dirigido a ella... Era algo habitual... Entonces fui yo la que hastiada, clavó la mirada en el agente de seguridad, con ademán de... ¿Comprendes?...
Sostuvimos la mirada por breves instantes, y sendas sonrisas dejaron claro que ambos, habíamos entendido...
Durante la vuelta a casa, mis pensamientos volvían una y otra vez al centro comercial... Quien lo hubiera dicho... con lo poco que me gusta ir de compras...
Kefi
(En ocasiones la realidad supera cualquier ficción...
)












sinfonia-urbana dijo
wow que maravilla de relato ! mmm ..
ahora si a dormir con dulces sueños ? jo !
besitos buen dia :)
patty heteroflexible
12 Octubre 2010 | 05:30 AM